SIGLO XVIII
En el siglo XVIII cultivaron este género artistas italianos como Canaletto. Se especializó en el sub-género de las vedute,
perspectivas urbanas que los viajeros extranjeros del Grand Tour veían en sus viajes a Italia y
que luego se llevaban como recuerdo a sus países de origen. Canaletto
visitó Inglaterra y allí recibió encargos de pintar, en el mismo
estilo, los paisajes ingleses. Su sobrino Bellotto siguió la misma línea, pero consiguió imprimir a
su obra un estilo propio.
El resto de la pintura
dieciochesca carece de originalidad en cuanto al tratamiento del paisaje. Thomas Gainsborough, en
cuadros como El abrevadero (1777)
se inspira en los paisajistas holandeses del siglo anterior. En España, fueron paisajistas Miguel Ángel Houasse y Luis Paret y Alcázar,
cultivador del «paisaje con figuras» como sus Vistas de puertos del
norte de España.
SIGLO XIX
«Todo conduce necesariamente al
paisaje», dijo el pintor alemán Runge, frase que se puede
aplicar a todo el siglo XIX. En Europa,
como se dio cuenta John Ruskin,3 y expuso sir Kenneth Clark, la pintura de paisaje fue la gran creación
artística del siglo XIX, con el resultado de que en el siguiente período la
gente era «capaz de asumir que la apreciación de la belleza natural y la
pintura de paisajes es una parte normal y permanente de nuestra actividad
espiritual».4 En el análisis de Clark, las formas europeas
subyacentes para convertir la complejidad del paisaje en una idea fueron cuatro
aproximaciones fundamentales: por la aceptación de símbolos descriptivos, por
la curiosidad sobre los hechos de la naturaleza, por la creación de fantasías
para aliviar sueños de profundas raíces en la naturaleza y por la creencia en
una Edad de oro, de armonía y orden, que podría ser recuperada.
En la época romántica, el
paisaje se convierte en actor o productor de emociones y de experiencias
subjetivas. Lo pintoresco y lo sublime aparecen entonces como dos modos de ver el
paisaje. Las primeras guías turísticas reemprenden
estos puntos de vista para fabricar un recuerdo popular sobre los sitios y sus
paisajes. Abrió el camino el inglés John Constable, que se dedicó a pintar los paisajes de
la Inglaterra rural, no afectados por la Revolución industrial,
incluyendo aquellos lugares que le eran conocidos desde la infancia, como
el Valle de Dedham. Lo
hizo con una técnica de descomposición del color en pequeños trazos que lo hace
precursor del impresionismo; realizó estudios de
fenómenos atmosféricos, en particular de nubes.
La exposición de sus obras en el Salón de París de 1824 obtuvo
gran éxito entre los artistas franceses, comenzando por Delacroix. El también inglés William Turner, contemporáneo suyo pero de más larga vida
artística, reflejó en cambio la modernidad, como ocurre en su obra más
famosa: Lluvia, vapor y velocidad, en la que aparecía un tema
ciertamente novedoso, elferrocarril, y el puente de Maidenhead, prodigio
de la ingeniería de la época. Con Turner
las formas del paisaje se disolvían en torbellinos de color que no siempre
permitían reconocer lo reflejado en el cuadro.
En Alemania, Blechen siguió reflejando el paisaje tradicional por
excelencia, el italiano, pero de forma muy distinta a épocas precedentes.
Presentó una Italia poco pintoresca, nada idílica, lo cual fue objeto de
críticas. Philipp Otto Runge y Caspar David Friedrich,
los dos artistas más destacados de la pintura romántica alemana, sí se
dedicaron al paisaje de su país. Animados por un espíritu pietista, pretendían
crear cuadros religiosos, pero no mediante la representación de escenas con tal
tema, sino reflejando la grandeza de los paisajes de manera que movieran a
la piedad.
El paso del «paisaje clásico»
al paisaje realista lo da Camille Corot quien, como Blechen o Turner, pasó su etapa
de formación en Italia. Con él empezó otra forma de tratar el paisaje, distinta
a la de los románticos. Como hizo después la escuela de Barbizon y,
posteriormente, el impresionismo, dio al paisaje un papel bien diferente al de
los románticos. Lo observaron de manera meticulosa y relativa en términos
de luz y de color, con el objetivo de crear una
representación fiel a la percepción vista que pueda tener un observador. Esta
fidelidad, que se experimenta por ejemplo en los contrastes y los toques de modo «vibrante». Cuando Corot
volvió a Francia, viajó por todo el país en busca de nuevos paisajes; frecuentó
el bosque de Fontainebleau, donde conoció a una serie
de pintores que cultivaron el paisaje realista, reflejando prados, ríos y
árboles del natural. Eran obras que despertaron escaso interés entre el público
o la crítica, ya que la pintura académica seguía dominada
por los cuadros de historia,
el gran tema por excelencia. El más destacado pintor de la escuela de Barbizon
fue Théodore Rousseau, al que
siguieron Díaz de la Peña y Jules Dupré. Albert Charpin, el pintor de ovejas y rebaños, de la misma
escuela, es otro ejemplo de pintura de paisajes, con belleza natural. Gustave Courbet no perteneció a la Escuela de Barbizon,
pero pintó en su juventud paisajes realistas.
De enlace entre esta escuela y
el impresionismo sirvieron Eugène Boudin y Johan Barthold Jongkind,
que trabajaron en el campo, al aire libre, pintando
paisajes bañados de luz. Como los pintores de Barbizon, los impresionistas
buscaban sus motivos en la naturaleza real que los rodeaba, sin idealizarlas,
pero su visión no es la sobria de la escuela realista, sino que glorificaban
esa naturaleza intacta y la vida sencilla que reflejaban en sus cuadros.
Diversos factores confluyeron para que surgiera el impresionismo en torno al
año 1860, entre ellos la pasión por la pintura al aire libre y nuevos temas,
reflejando simplemente aquellos que está ante los ojos: tanto el campo como la
ciudad, el mar o los ríos con sus interesantes reflejos sobre el agua, tanto la
luz del día como la artificial, en definitiva, «lo banal», considerando que no
hay tema menor, sino cuadros bien o mal ejecutados. Trabajaron con manchas de
color, grandes pinceladas, sin el acabado pulido, esmaltado y frío de una
pintura de paisajes tradicional, sino reflejando más bien la impresión del
paisaje. La obra emblemática de este movimiento, de la que obtuvo su nombre, es
precisamente un paisaje: Impresión, sol naciente (1874),
de Claude Monet. Sus principales seguidores fueron Camille Pissarro y Alfred Sisley.
La pasión del posimpresionista Vincent van Gogh por la obra de sus predecesores, le
llevó a pintar el paisaje provenzal a partir del año1888.
Su obra, de colores intensos, en los que las figuras se deforman y curvan,
alejándose del realismo, es un precedente de las tendencias expresionistas.
Las escuelas nacionales de
pintura surgieron, en gran medida, a través de paisajistas que se inclinaron
por pintar su tierra, en lugar del tradicional paisaje italiano. En los Estados Unidos, Frederick Edwin Church,
gran pintor de panoramas, realiza amplias composiciones que simbolizan la
grandeza e inmensidad del continente americano (Las cataratas del Niágara, 1857).
la escuela del río Hudson,
que destacó en la segunda mitad del siglo XIX, es probablemente la más conocida manifestación
autóctona del arte de paisajes. Estos pintores crearon obras de tamaño colosal
intentando captar el alcance épico de los paisajes que los inspiraron. La obra
de Thomas Cole, a quien se reconoce generalmente como fundador de
la escuela, tiene mucho en común con los ideales filosóficos de las pinturas
paisajísticas europeas, una especie de fe secular
en los beneficios espirituales que pueden obtenerse de la contemplación de la
belleza natural. Algunos de los artistas posteriores de la escuela del río
Hudson, como Albert Bierstadt, crearon
obras menos cómodas, seguramente con exageración romántica, que enfatizaban más
los ásperos, incluso terribles, poderes de la naturaleza.
Conforme los exploradores,
naturalistas, marineros, comerciantes y colonos llegaron a las costas del Canadá atlántico en
los primeros años de su exploración, se enfrentaron a lo que veían como un
entorno hostil y peligroso y un mar implacable. Estos europeos intentaron
dominar este nuevo territorio sobrecogedor trazando mapas del mismo,
documentándolo y reivindicándolo como propio. Su entendimiento de la naturaleza
específica de esta tierra y sus habitantes fue muy variada, desde observaciones
muy exactas y científicas a otras fantásticas o extravagantes. Estas
observaciones están documentadas en el arte de paisajes que produjeron. Los
mejores ejemplos del arte de paisajes canadiense pueden encontrarse en la obra
del Grupo de los siete, que destacó en los años 1920.5
En España, aunque siguió sin cultivarse con particular intensidad
este género, sí se aprecia la recepción del paisaje realista a través de la
obra delbelga Carlos de Haes. Agustín Riancho reflejó los paisajes de la Montaña lo mismo que la Escuela de Olot se
dedicó a paisajes de esa zona catalana, siendo su creador Joaquín Vayreda. El impresionismo, como en el resto de Europa,
se recibió de manera atenuada, pero puede citarse a Darío de Regoyos como
un ejemplo de cultivador de ese estilo de paisaje.
En Italia sobresalieron
los pintores de manchas (macchia) de color yuxtapuestas,
llamados los macchiaioli, próximos al
impresionismo: Giovanni Fattori, Silvestro Lega y Giuseppe Abbati, entre otros.
SIGLO
XX
La mirada de 32 grandes artistas contemporáneos sobre la
Naturaleza se recoge en la muestra pictórica El paisaje en el siglo
XX . Cuarenta y dos piezas de pintores como Braque, Dufy, Dubuffet,
Bonnard, Klee, Matta y el español Fermín Aguayo, entre otros, procedentes de
coleccionistas privados y de galerías de arte francesas y suizas, han sido
reunidas exclusivamente para esta exposición, comisariada por Louis Deledicq.
Paisajes al límite de la abstracción, de influencia
cubista, paisajes con elementos surrealistas, conceptuales, naïfs, art-brut ,
arte gestual, expresionismo, aparecen desde miradas personales sobre el campo y
el mar o el paisaje urbano con su carga poética, imaginaria, metafísica o
atormentada, según los casos. "En
un reflejo de la mirada de los artistas sobre la naturaleza a lo largo del
último siglo, con un despliegue libre y casi infinito de líneas y
espacios", señaló ayer el comisario Deledicq. Esta exposición ayuda
a comprender nuevos conceptos del paisaje a quienes se hubieran anclado en las
estéticas romántica o impresionista, que ocuparon el siglo XIX.
Desde el cuadro más antiguo Variación con figura
y cochecito del ruso Alexei von Jawlensky pintado en 1916 hasta el
recentísimo Montaña (2003) del francés Charles Maussion, los
más destacados periodos, estilos y tendencias de todo el siglo XX están
representados en la muestra.
UN GRAN ELENCO
De los años 20 se exponen piezas de Hans Reichel y Joseph
Sima; la década de los 30 está representada en la muestra por Klee, Dufy,
Bonard y Soutine, entre otros; de los años 40 se exponen paisajes de Balthus,
Bissiere, Masson y Wols. Los años 50 están representados por Giacometti,
Braque, Roberto Matta, Vieira da Silva y Nicolás de Staël. En los 60, Aguayo,
Dubuffet, Asger Jorn y Zoran Music. La década de los 70 se muestra con piezas
de Mason y Bennet y en los 80 encontramos paisajes de Debré, Nallar y de nuevo
Da Silva en otra etapa de su vida. De los años 90, Gilles Aillaud y ya entrando
en el siglo XXI, Keifer, Olivier y Maussion.
Junto a las biografías de todos los artistas (algunas
recogen pronunciamientos teóricos de los propios pintores, como es el caso de
Cézanne), el catálogo de la exposición presenta un trabajo de Dora Vallier
sobre¿Qué es un paisaje? , además de textos de literatos franceses
como René Char, Francis Ponge o Yves Peiré. El propio Nicolás de Staël señala
en un poema: "El espacio
pictórico / es un muro / pero todas las aves / del mundo vuelan / libremente
por él. / A todas las profundidades".
La especialista Dora Vallier asegura en su escrito
que "de todos los géneros, el
paisaje fue el último en aparecer. Mientras que la imagen del hombre, junto con
la del animal, existe desde la prehistoria, la del paisaje representado como
tal no se impone definitivamente hasta los impresionistas". La
propia palabrapaisaje tiene su origen en la pintura, declara. Es
una noción cultural extendida a la naturaleza, que hasta el siglo XVI se
llamaba país .
EVOLUCION DEL PAISAJE
Según la misma autora, "en la pintura occidental, durante siglos, el paisaje es un
complemento, un fondo, un decorado que enmarca el tema, sin ser el centro de
atención del cuadro". Aunque en el siglo XVII la pintura de paisaje
existía como tal, en comparación con los demás géneros --retrato, escenas
históricas, naturaleza muerta--, era considerado un género menor.
Algunos pintores como Poussin y Lorraine se aventuraban
ya a observar el paisaje en su realidad y pintar al aire libre, el género
paisajístico siguió relegado a un plano ornamental e incluso rechazado, como
sucedió durante el neoclasicismo a finales del XVIII. Será en la segunda mitad
del siglo XIX cuando surge el impresionismo y con él la exaltación del paisaje
pintado como protagonista absoluto del lienzo.
SIGLO XVIII
En el siglo XVIII cultivaron este género artistas italianos como Canaletto. Se especializó en el sub-género de las vedute,
perspectivas urbanas que los viajeros extranjeros del Grand Tour veían en sus viajes a Italia y
que luego se llevaban como recuerdo a sus países de origen. Canaletto
visitó Inglaterra y allí recibió encargos de pintar, en el mismo
estilo, los paisajes ingleses. Su sobrino Bellotto siguió la misma línea, pero consiguió imprimir a
su obra un estilo propio.
El resto de la pintura
dieciochesca carece de originalidad en cuanto al tratamiento del paisaje. Thomas Gainsborough, en
cuadros como El abrevadero (1777)
se inspira en los paisajistas holandeses del siglo anterior. En España, fueron paisajistas Miguel Ángel Houasse y Luis Paret y Alcázar,
cultivador del «paisaje con figuras» como sus Vistas de puertos del
norte de España.
SIGLO XIX
«Todo conduce necesariamente al
paisaje», dijo el pintor alemán Runge, frase que se puede
aplicar a todo el siglo XIX. En Europa,
como se dio cuenta John Ruskin,3 y expuso sir Kenneth Clark, la pintura de paisaje fue la gran creación
artística del siglo XIX, con el resultado de que en el siguiente período la
gente era «capaz de asumir que la apreciación de la belleza natural y la
pintura de paisajes es una parte normal y permanente de nuestra actividad
espiritual».4 En el análisis de Clark, las formas europeas
subyacentes para convertir la complejidad del paisaje en una idea fueron cuatro
aproximaciones fundamentales: por la aceptación de símbolos descriptivos, por
la curiosidad sobre los hechos de la naturaleza, por la creación de fantasías
para aliviar sueños de profundas raíces en la naturaleza y por la creencia en
una Edad de oro, de armonía y orden, que podría ser recuperada.
En la época romántica, el
paisaje se convierte en actor o productor de emociones y de experiencias
subjetivas. Lo pintoresco y lo sublime aparecen entonces como dos modos de ver el
paisaje. Las primeras guías turísticas reemprenden
estos puntos de vista para fabricar un recuerdo popular sobre los sitios y sus
paisajes. Abrió el camino el inglés John Constable, que se dedicó a pintar los paisajes de
la Inglaterra rural, no afectados por la Revolución industrial,
incluyendo aquellos lugares que le eran conocidos desde la infancia, como
el Valle de Dedham. Lo
hizo con una técnica de descomposición del color en pequeños trazos que lo hace
precursor del impresionismo; realizó estudios de
fenómenos atmosféricos, en particular de nubes.
La exposición de sus obras en el Salón de París de 1824 obtuvo
gran éxito entre los artistas franceses, comenzando por Delacroix. El también inglés William Turner, contemporáneo suyo pero de más larga vida
artística, reflejó en cambio la modernidad, como ocurre en su obra más
famosa: Lluvia, vapor y velocidad, en la que aparecía un tema
ciertamente novedoso, elferrocarril, y el puente de Maidenhead, prodigio
de la ingeniería de la época. Con Turner
las formas del paisaje se disolvían en torbellinos de color que no siempre
permitían reconocer lo reflejado en el cuadro.
En Alemania, Blechen siguió reflejando el paisaje tradicional por
excelencia, el italiano, pero de forma muy distinta a épocas precedentes.
Presentó una Italia poco pintoresca, nada idílica, lo cual fue objeto de
críticas. Philipp Otto Runge y Caspar David Friedrich,
los dos artistas más destacados de la pintura romántica alemana, sí se
dedicaron al paisaje de su país. Animados por un espíritu pietista, pretendían
crear cuadros religiosos, pero no mediante la representación de escenas con tal
tema, sino reflejando la grandeza de los paisajes de manera que movieran a
la piedad.
El paso del «paisaje clásico»
al paisaje realista lo da Camille Corot quien, como Blechen o Turner, pasó su etapa
de formación en Italia. Con él empezó otra forma de tratar el paisaje, distinta
a la de los románticos. Como hizo después la escuela de Barbizon y,
posteriormente, el impresionismo, dio al paisaje un papel bien diferente al de
los románticos. Lo observaron de manera meticulosa y relativa en términos
de luz y de color, con el objetivo de crear una
representación fiel a la percepción vista que pueda tener un observador. Esta
fidelidad, que se experimenta por ejemplo en los contrastes y los toques de modo «vibrante». Cuando Corot
volvió a Francia, viajó por todo el país en busca de nuevos paisajes; frecuentó
el bosque de Fontainebleau, donde conoció a una serie
de pintores que cultivaron el paisaje realista, reflejando prados, ríos y
árboles del natural. Eran obras que despertaron escaso interés entre el público
o la crítica, ya que la pintura académica seguía dominada
por los cuadros de historia,
el gran tema por excelencia. El más destacado pintor de la escuela de Barbizon
fue Théodore Rousseau, al que
siguieron Díaz de la Peña y Jules Dupré. Albert Charpin, el pintor de ovejas y rebaños, de la misma
escuela, es otro ejemplo de pintura de paisajes, con belleza natural. Gustave Courbet no perteneció a la Escuela de Barbizon,
pero pintó en su juventud paisajes realistas.
De enlace entre esta escuela y
el impresionismo sirvieron Eugène Boudin y Johan Barthold Jongkind,
que trabajaron en el campo, al aire libre, pintando
paisajes bañados de luz. Como los pintores de Barbizon, los impresionistas
buscaban sus motivos en la naturaleza real que los rodeaba, sin idealizarlas,
pero su visión no es la sobria de la escuela realista, sino que glorificaban
esa naturaleza intacta y la vida sencilla que reflejaban en sus cuadros.
Diversos factores confluyeron para que surgiera el impresionismo en torno al
año 1860, entre ellos la pasión por la pintura al aire libre y nuevos temas,
reflejando simplemente aquellos que está ante los ojos: tanto el campo como la
ciudad, el mar o los ríos con sus interesantes reflejos sobre el agua, tanto la
luz del día como la artificial, en definitiva, «lo banal», considerando que no
hay tema menor, sino cuadros bien o mal ejecutados. Trabajaron con manchas de
color, grandes pinceladas, sin el acabado pulido, esmaltado y frío de una
pintura de paisajes tradicional, sino reflejando más bien la impresión del
paisaje. La obra emblemática de este movimiento, de la que obtuvo su nombre, es
precisamente un paisaje: Impresión, sol naciente (1874),
de Claude Monet. Sus principales seguidores fueron Camille Pissarro y Alfred Sisley.
La pasión del posimpresionista Vincent van Gogh por la obra de sus predecesores, le
llevó a pintar el paisaje provenzal a partir del año1888.
Su obra, de colores intensos, en los que las figuras se deforman y curvan,
alejándose del realismo, es un precedente de las tendencias expresionistas.
Las escuelas nacionales de
pintura surgieron, en gran medida, a través de paisajistas que se inclinaron
por pintar su tierra, en lugar del tradicional paisaje italiano. En los Estados Unidos, Frederick Edwin Church,
gran pintor de panoramas, realiza amplias composiciones que simbolizan la
grandeza e inmensidad del continente americano (Las cataratas del Niágara, 1857).
la escuela del río Hudson,
que destacó en la segunda mitad del siglo XIX, es probablemente la más conocida manifestación
autóctona del arte de paisajes. Estos pintores crearon obras de tamaño colosal
intentando captar el alcance épico de los paisajes que los inspiraron. La obra
de Thomas Cole, a quien se reconoce generalmente como fundador de
la escuela, tiene mucho en común con los ideales filosóficos de las pinturas
paisajísticas europeas, una especie de fe secular
en los beneficios espirituales que pueden obtenerse de la contemplación de la
belleza natural. Algunos de los artistas posteriores de la escuela del río
Hudson, como Albert Bierstadt, crearon
obras menos cómodas, seguramente con exageración romántica, que enfatizaban más
los ásperos, incluso terribles, poderes de la naturaleza.
Conforme los exploradores,
naturalistas, marineros, comerciantes y colonos llegaron a las costas del Canadá atlántico en
los primeros años de su exploración, se enfrentaron a lo que veían como un
entorno hostil y peligroso y un mar implacable. Estos europeos intentaron
dominar este nuevo territorio sobrecogedor trazando mapas del mismo,
documentándolo y reivindicándolo como propio. Su entendimiento de la naturaleza
específica de esta tierra y sus habitantes fue muy variada, desde observaciones
muy exactas y científicas a otras fantásticas o extravagantes. Estas
observaciones están documentadas en el arte de paisajes que produjeron. Los
mejores ejemplos del arte de paisajes canadiense pueden encontrarse en la obra
del Grupo de los siete, que destacó en los años 1920.5
En España, aunque siguió sin cultivarse con particular intensidad
este género, sí se aprecia la recepción del paisaje realista a través de la
obra delbelga Carlos de Haes. Agustín Riancho reflejó los paisajes de la Montaña lo mismo que la Escuela de Olot se
dedicó a paisajes de esa zona catalana, siendo su creador Joaquín Vayreda. El impresionismo, como en el resto de Europa,
se recibió de manera atenuada, pero puede citarse a Darío de Regoyos como
un ejemplo de cultivador de ese estilo de paisaje.
En Italia sobresalieron
los pintores de manchas (macchia) de color yuxtapuestas,
llamados los macchiaioli, próximos al
impresionismo: Giovanni Fattori, Silvestro Lega y Giuseppe Abbati, entre otros.
SIGLO
XX
La mirada de 32 grandes artistas contemporáneos sobre la
Naturaleza se recoge en la muestra pictórica El paisaje en el siglo
XX . Cuarenta y dos piezas de pintores como Braque, Dufy, Dubuffet,
Bonnard, Klee, Matta y el español Fermín Aguayo, entre otros, procedentes de
coleccionistas privados y de galerías de arte francesas y suizas, han sido
reunidas exclusivamente para esta exposición, comisariada por Louis Deledicq.
Paisajes al límite de la abstracción, de influencia
cubista, paisajes con elementos surrealistas, conceptuales, naïfs, art-brut ,
arte gestual, expresionismo, aparecen desde miradas personales sobre el campo y
el mar o el paisaje urbano con su carga poética, imaginaria, metafísica o
atormentada, según los casos. "En
un reflejo de la mirada de los artistas sobre la naturaleza a lo largo del
último siglo, con un despliegue libre y casi infinito de líneas y
espacios", señaló ayer el comisario Deledicq. Esta exposición ayuda
a comprender nuevos conceptos del paisaje a quienes se hubieran anclado en las
estéticas romántica o impresionista, que ocuparon el siglo XIX.
Desde el cuadro más antiguo Variación con figura
y cochecito del ruso Alexei von Jawlensky pintado en 1916 hasta el
recentísimo Montaña (2003) del francés Charles Maussion, los
más destacados periodos, estilos y tendencias de todo el siglo XX están
representados en la muestra.
UN GRAN ELENCO
De los años 20 se exponen piezas de Hans Reichel y Joseph
Sima; la década de los 30 está representada en la muestra por Klee, Dufy,
Bonard y Soutine, entre otros; de los años 40 se exponen paisajes de Balthus,
Bissiere, Masson y Wols. Los años 50 están representados por Giacometti,
Braque, Roberto Matta, Vieira da Silva y Nicolás de Staël. En los 60, Aguayo,
Dubuffet, Asger Jorn y Zoran Music. La década de los 70 se muestra con piezas
de Mason y Bennet y en los 80 encontramos paisajes de Debré, Nallar y de nuevo
Da Silva en otra etapa de su vida. De los años 90, Gilles Aillaud y ya entrando
en el siglo XXI, Keifer, Olivier y Maussion.
Junto a las biografías de todos los artistas (algunas
recogen pronunciamientos teóricos de los propios pintores, como es el caso de
Cézanne), el catálogo de la exposición presenta un trabajo de Dora Vallier
sobre¿Qué es un paisaje? , además de textos de literatos franceses
como René Char, Francis Ponge o Yves Peiré. El propio Nicolás de Staël señala
en un poema: "El espacio
pictórico / es un muro / pero todas las aves / del mundo vuelan / libremente
por él. / A todas las profundidades".
La especialista Dora Vallier asegura en su escrito
que "de todos los géneros, el
paisaje fue el último en aparecer. Mientras que la imagen del hombre, junto con
la del animal, existe desde la prehistoria, la del paisaje representado como
tal no se impone definitivamente hasta los impresionistas". La
propia palabrapaisaje tiene su origen en la pintura, declara. Es
una noción cultural extendida a la naturaleza, que hasta el siglo XVI se
llamaba país .
EVOLUCION DEL PAISAJE
Según la misma autora, "en la pintura occidental, durante siglos, el paisaje es un
complemento, un fondo, un decorado que enmarca el tema, sin ser el centro de
atención del cuadro". Aunque en el siglo XVII la pintura de paisaje
existía como tal, en comparación con los demás géneros --retrato, escenas
históricas, naturaleza muerta--, era considerado un género menor.
Algunos pintores como Poussin y Lorraine se aventuraban
ya a observar el paisaje en su realidad y pintar al aire libre, el género
paisajístico siguió relegado a un plano ornamental e incluso rechazado, como
sucedió durante el neoclasicismo a finales del XVIII. Será en la segunda mitad
del siglo XIX cuando surge el impresionismo y con él la exaltación del paisaje
pintado como protagonista absoluto del lienzo.






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