viernes, 25 de mayo de 2012



SIGLO XVIII

En el siglo XVIII cultivaron este género artistas italianos como Canaletto. Se especializó en el sub-género de las vedute, perspectivas urbanas que los viajeros extranjeros del Grand Tour veían en sus viajes a Italia y que luego se llevaban como recuerdo a sus países de origen. Canaletto visitó Inglaterra y allí recibió encargos de pintar, en el mismo estilo, los paisajes ingleses. Su sobrino Bellotto siguió la misma línea, pero consiguió imprimir a su obra un estilo propio.

El resto de la pintura dieciochesca carece de originalidad en cuanto al tratamiento del paisaje. Thomas Gainsborough, en cuadros como El abrevadero (1777) se inspira en los paisajistas holandeses del siglo anterior. En España, fueron paisajistas Miguel Ángel Houasse y Luis Paret y Alcázar, cultivador del «paisaje con figuras» como sus Vistas de puertos del norte de España.








SIGLO XIX

«Todo conduce necesariamente al paisaje», dijo el pintor alemán Runge, frase que se puede aplicar a todo el siglo XIX. En Europa, como se dio cuenta John Ruskin,3 y expuso sir Kenneth Clark, la pintura de paisaje fue la gran creación artística del siglo XIX, con el resultado de que en el siguiente período la gente era «capaz de asumir que la apreciación de la belleza natural y la pintura de paisajes es una parte normal y permanente de nuestra actividad espiritual».4 En el análisis de Clark, las formas europeas subyacentes para convertir la complejidad del paisaje en una idea fueron cuatro aproximaciones fundamentales: por la aceptación de símbolos descriptivos, por la curiosidad sobre los hechos de la naturaleza, por la creación de fantasías para aliviar sueños de profundas raíces en la naturaleza y por la creencia en una Edad de oro, de armonía y orden, que podría ser recuperada.

En la época romántica, el paisaje se convierte en actor o productor de emociones y de experiencias subjetivas. Lo pintoresco y lo sublime aparecen entonces como dos modos de ver el paisaje. Las primeras guías turísticas reemprenden estos puntos de vista para fabricar un recuerdo popular sobre los sitios y sus paisajes. Abrió el camino el inglés John Constable, que se dedicó a pintar los paisajes de la Inglaterra rural, no afectados por la Revolución industrial, incluyendo aquellos lugares que le eran conocidos desde la infancia, como el Valle de Dedham. Lo hizo con una técnica de descomposición del color en pequeños trazos que lo hace precursor del impresionismo; realizó estudios de fenómenos atmosféricos, en particular de nubes. La exposición de sus obras en el Salón de París de 1824 obtuvo gran éxito entre los artistas franceses, comenzando por Delacroix. El también inglés William Turner, contemporáneo suyo pero de más larga vida artística, reflejó en cambio la modernidad, como ocurre en su obra más famosa: Lluvia, vapor y velocidad, en la que aparecía un tema ciertamente novedoso, elferrocarril, y el puente de Maidenhead, prodigio de la ingeniería de la época. Con Turner las formas del paisaje se disolvían en torbellinos de color que no siempre permitían reconocer lo reflejado en el cuadro.

En AlemaniaBlechen siguió reflejando el paisaje tradicional por excelencia, el italiano, pero de forma muy distinta a épocas precedentes. Presentó una Italia poco pintoresca, nada idílica, lo cual fue objeto de críticas. Philipp Otto Runge y Caspar David Friedrich, los dos artistas más destacados de la pintura romántica alemana, sí se dedicaron al paisaje de su país. Animados por un espíritu pietista, pretendían crear cuadros religiosos, pero no mediante la representación de escenas con tal tema, sino reflejando la grandeza de los paisajes de manera que movieran a la piedad.

El paso del «paisaje clásico» al paisaje realista lo da Camille Corot quien, como Blechen o Turner, pasó su etapa de formación en Italia. Con él empezó otra forma de tratar el paisaje, distinta a la de los románticos. Como hizo después la escuela de Barbizon y, posteriormente, el impresionismo, dio al paisaje un papel bien diferente al de los románticos. Lo observaron de manera meticulosa y relativa en términos de luz y de color, con el objetivo de crear una representación fiel a la percepción vista que pueda tener un observador. Esta fidelidad, que se experimenta por ejemplo en los contrastes y los toques de modo «vibrante». Cuando Corot volvió a Francia, viajó por todo el país en busca de nuevos paisajes; frecuentó el bosque de Fontainebleau, donde conoció a una serie de pintores que cultivaron el paisaje realista, reflejando prados, ríos y árboles del natural. Eran obras que despertaron escaso interés entre el público o la crítica, ya que la pintura académica seguía dominada por los cuadros de historia, el gran tema por excelencia. El más destacado pintor de la escuela de Barbizon fue Théodore Rousseau, al que siguieron Díaz de la Peña y Jules DupréAlbert Charpin, el pintor de ovejas y rebaños, de la misma escuela, es otro ejemplo de pintura de paisajes, con belleza natural. Gustave Courbet no perteneció a la Escuela de Barbizon, pero pintó en su juventud paisajes realistas.

De enlace entre esta escuela y el impresionismo sirvieron Eugène Boudin y Johan Barthold Jongkind, que trabajaron en el campo, al aire libre, pintando paisajes bañados de luz. Como los pintores de Barbizon, los impresionistas buscaban sus motivos en la naturaleza real que los rodeaba, sin idealizarlas, pero su visión no es la sobria de la escuela realista, sino que glorificaban esa naturaleza intacta y la vida sencilla que reflejaban en sus cuadros. Diversos factores confluyeron para que surgiera el impresionismo en torno al año 1860, entre ellos la pasión por la pintura al aire libre y nuevos temas, reflejando simplemente aquellos que está ante los ojos: tanto el campo como la ciudad, el mar o los ríos con sus interesantes reflejos sobre el agua, tanto la luz del día como la artificial, en definitiva, «lo banal», considerando que no hay tema menor, sino cuadros bien o mal ejecutados. Trabajaron con manchas de color, grandes pinceladas, sin el acabado pulido, esmaltado y frío de una pintura de paisajes tradicional, sino reflejando más bien la impresión del paisaje. La obra emblemática de este movimiento, de la que obtuvo su nombre, es precisamente un paisaje: Impresión, sol naciente (1874), de Claude Monet. Sus principales seguidores fueron Camille Pissarro y Alfred Sisley.

La pasión del posimpresionista Vincent van Gogh por la obra de sus predecesores, le llevó a pintar el paisaje provenzal a partir del año1888. Su obra, de colores intensos, en los que las figuras se deforman y curvan, alejándose del realismo, es un precedente de las tendencias expresionistas.

Las escuelas nacionales de pintura surgieron, en gran medida, a través de paisajistas que se inclinaron por pintar su tierra, en lugar del tradicional paisaje italiano. En los Estados UnidosFrederick Edwin Church, gran pintor de panoramas, realiza amplias composiciones que simbolizan la grandeza e inmensidad del continente americano (Las cataratas del Niágara1857). la escuela del río Hudson, que destacó en la segunda mitad del siglo XIX, es probablemente la más conocida manifestación autóctona del arte de paisajes. Estos pintores crearon obras de tamaño colosal intentando captar el alcance épico de los paisajes que los inspiraron. La obra de Thomas Cole, a quien se reconoce generalmente como fundador de la escuela, tiene mucho en común con los ideales filosóficos de las pinturas paisajísticas europeas, una especie de fe secular en los beneficios espirituales que pueden obtenerse de la contemplación de la belleza natural. Algunos de los artistas posteriores de la escuela del río Hudson, como Albert Bierstadt, crearon obras menos cómodas, seguramente con exageración romántica, que enfatizaban más los ásperos, incluso terribles, poderes de la naturaleza.

Conforme los exploradores, naturalistas, marineros, comerciantes y colonos llegaron a las costas del Canadá atlántico en los primeros años de su exploración, se enfrentaron a lo que veían como un entorno hostil y peligroso y un mar implacable. Estos europeos intentaron dominar este nuevo territorio sobrecogedor trazando mapas del mismo, documentándolo y reivindicándolo como propio. Su entendimiento de la naturaleza específica de esta tierra y sus habitantes fue muy variada, desde observaciones muy exactas y científicas a otras fantásticas o extravagantes. Estas observaciones están documentadas en el arte de paisajes que produjeron. Los mejores ejemplos del arte de paisajes canadiense pueden encontrarse en la obra del Grupo de los siete, que destacó en los años 1920.5

En España, aunque siguió sin cultivarse con particular intensidad este género, sí se aprecia la recepción del paisaje realista a través de la obra delbelga Carlos de HaesAgustín Riancho reflejó los paisajes de la Montaña lo mismo que la Escuela de Olot se dedicó a paisajes de esa zona catalana, siendo su creador Joaquín Vayreda. El impresionismo, como en el resto de Europa, se recibió de manera atenuada, pero puede citarse a Darío de Regoyos como un ejemplo de cultivador de ese estilo de paisaje.

En Italia sobresalieron los pintores de manchas (macchia) de color yuxtapuestas, llamados los macchiaioli, próximos al impresionismo: Giovanni FattoriSilvestro Lega y Giuseppe Abbati, entre otros.


  




SIGLO XX

La mirada de 32 grandes artistas contemporáneos sobre la Naturaleza se recoge en la muestra pictórica El paisaje en el siglo XX . Cuarenta y dos piezas de pintores como Braque, Dufy, Dubuffet, Bonnard, Klee, Matta y el español Fermín Aguayo, entre otros, procedentes de coleccionistas privados y de galerías de arte francesas y suizas, han sido reunidas exclusivamente para esta exposición, comisariada por Louis Deledicq.
Paisajes al límite de la abstracción, de influencia cubista, paisajes con elementos surrealistas, conceptuales, naïfs, art-brut , arte gestual, expresionismo, aparecen desde miradas personales sobre el campo y el mar o el paisaje urbano con su carga poética, imaginaria, metafísica o atormentada, según los casos. "En un reflejo de la mirada de los artistas sobre la naturaleza a lo largo del último siglo, con un despliegue libre y casi infinito de líneas y espacios", señaló ayer el comisario Deledicq. Esta exposición ayuda a comprender nuevos conceptos del paisaje a quienes se hubieran anclado en las estéticas romántica o impresionista, que ocuparon el siglo XIX.
Desde el cuadro más antiguo Variación con figura y cochecito del ruso Alexei von Jawlensky pintado en 1916 hasta el recentísimo Montaña (2003) del francés Charles Maussion, los más destacados periodos, estilos y tendencias de todo el siglo XX están representados en la muestra.
UN GRAN ELENCO
De los años 20 se exponen piezas de Hans Reichel y Joseph Sima; la década de los 30 está representada en la muestra por Klee, Dufy, Bonard y Soutine, entre otros; de los años 40 se exponen paisajes de Balthus, Bissiere, Masson y Wols. Los años 50 están representados por Giacometti, Braque, Roberto Matta, Vieira da Silva y Nicolás de Staël. En los 60, Aguayo, Dubuffet, Asger Jorn y Zoran Music. La década de los 70 se muestra con piezas de Mason y Bennet y en los 80 encontramos paisajes de Debré, Nallar y de nuevo Da Silva en otra etapa de su vida. De los años 90, Gilles Aillaud y ya entrando en el siglo XXI, Keifer, Olivier y Maussion.
Junto a las biografías de todos los artistas (algunas recogen pronunciamientos teóricos de los propios pintores, como es el caso de Cézanne), el catálogo de la exposición presenta un trabajo de Dora Vallier sobre¿Qué es un paisaje? , además de textos de literatos franceses como René Char, Francis Ponge o Yves Peiré. El propio Nicolás de Staël señala en un poema: "El espacio pictórico / es un muro / pero todas las aves / del mundo vuelan / libremente por él. / A todas las profundidades".
La especialista Dora Vallier asegura en su escrito que "de todos los géneros, el paisaje fue el último en aparecer. Mientras que la imagen del hombre, junto con la del animal, existe desde la prehistoria, la del paisaje representado como tal no se impone definitivamente hasta los impresionistas". La propia palabrapaisaje tiene su origen en la pintura, declara. Es una noción cultural extendida a la naturaleza, que hasta el siglo XVI se llamaba país .
EVOLUCION DEL PAISAJE
Según la misma autora, "en la pintura occidental, durante siglos, el paisaje es un complemento, un fondo, un decorado que enmarca el tema, sin ser el centro de atención del cuadro". Aunque en el siglo XVII la pintura de paisaje existía como tal, en comparación con los demás géneros --retrato, escenas históricas, naturaleza muerta--, era considerado un género menor.
Algunos pintores como Poussin y Lorraine se aventuraban ya a observar el paisaje en su realidad y pintar al aire libre, el género paisajístico siguió relegado a un plano ornamental e incluso rechazado, como sucedió durante el neoclasicismo a finales del XVIII. Será en la segunda mitad del siglo XIX cuando surge el impresionismo y con él la exaltación del paisaje pintado como protagonista absoluto del lienzo.





Paisajismo en la época medieval


 La edad media fue una época de misticismo cristiano, y su expresión estaba en oposición directa a la mundana serenidad clásica y a la geometría terrenal de los romanos. En la débil y apagada luz natural del norte, la silueta tenia su importancia. Excepto en aquellos lugares en que estaban dominados por castillo, los pueblos y aldeas denotaban su presencia mediante torres y agujas que se elevaban por encima de las apiñadas viviendas, cual dedos dirigidos al cielo.

El hombre no pretendía proyectar su personalidad sobre el paisaje, sino mas bien crecer de él y así formar parte del mismo; la influencia del crecimiento del bosque hacia lo alto estaba presente en todas partes. El sistema de cultivo de <<campos cerrados>>, principalmente verduras y plantas medicinales, solo existía dentro de los recintos de los edificios, pero el sistema de cultivo de <<campos abiertos>> proporcionaba un nuevo tipo de división de los terrazgos en franjas alargadas, un modelo que estaba presente en torno a todas las aldeas, estuvieran o no cercadas.

 Las artes del paisajismo en esa época fueron mas intuitivas que producto de un diseño consciente, y el atractivo que tienen para el hombre contemporáneo reside principalmente en su mensaje simbólico. La cruz o el vía crucis al aire libre, que abundaban en la Irlanda del siglo VIII o en la Bretaña del siglo XV, imbuían a todo el conjunto del campo de un sentido de finalidad y se significado. Esa época de paisaje más emocional que racional influyó en el futuro por dos vías principales: Como Inspiración para el romanticismo de los siglos XVIII y XIX y una pauta o guía estética para la composición asimétrica.




paisaje de la Antigüedad

En los tiempos de las más antiguas pinturas chinas a tinta se estableció la tradición de paisajes «puros», en los que la diminuta figura humana simplemente invita al observador a participar en la experiencia.

Del Antiguo Egipto se conservan algunas representaciones paisajísticas esquemáticas en las tumbas de los nobles, grabadas en relieve durante el Imperio Antiguo y pintadas al fresco en el Imperio Nuevo; suelen enmarcar escenas de caza o ceremonias rituales.
En Pompeya y Herculano se han preservado frescos romanos de cuartos decorados con paisajes del siglo I a. C. En la antigüedad grecorromana, el paisaje se pinta como fondo o entorno para contextualizar una escena principal




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paisaje en el renacimiento

Uno de los objetivos de la pintura del Renacimiento es crear efectos de perspectiva. Para ello se situarán los personajes en un entorno arquitectónico o paisajístico, dotando a la composición de un efecto espacial. En un primer momento, los paisajes serán meros telones de fondo, pareciendo totalmente ficticios. Pero a medida que pasa el tiempo, las figuras se van integrando de manera más acertada en el paisaje y éste va adquiriendo más importancia en la composición, llegando un momento en que el paisaje se convertirá en un asunto autónomo, como podemos observar en esta Vista de Toledo que pintó El Greco.

En época barroca el paisaje se convertirá en una temática independiente. Uno de los primeros pasos en esta dirección lo dará Annibale Carracci con su Huída a Egipto, donde las figuras se ven desbordadas por un bucólico paisaje de corte clásico. Pero el gran maestro del clasicismo en el paisaje será el francés Claudio de Lorena; sus obras consiguen unos maravillosos efectos poéticos gracias a la atmósfera con dorada niebla producida por la luz solar. Normalmente, son muy similares, siguiendo una composición predispuesta, muy idealizada. Sus composiciones resultan sumamente equilibradas, y sientan el modelo que se tomará durante todo el paisajismo posterior. Poussin será uno de sus principales seguidores y sus pinturas están en esta línea clasicista inaugurada por Carracci, mostrando sus paisajes bajo la excusa de tratar temas religiosos o mitológicos, en un momento en que el género paisajístico comienza a alcanzar su autonomía.

En los Países Bajos este género alcanzará una importante difusión. La razón debemos buscarla en el aumento de la demanda de este tipo de cuadros por parte de la burguesía, verdadero motor de la economía holandesa de la época. Los paisajistas holandeses nos ofrecen una visión más naturalista de su entorno, abandonando el clasicismo italiano.
En España el género paisajístico apenas tiene importancia frente a la pintura religiosa, aunque encontramos algunos ejemplos siguiendo la línea clasicista. Velázquez y sus vistas de la villa Medicis son un caso aparte, ya que gracias a su interés por la luz se consideran como un paso hacia el impresionismo.






PAISAJE MARINO



El paisaje marino se incorpora a través de las diversas tonalidades del mar, las diferentes formas de las piedras, las superficies de las embarcaciones, el litoral, la densidad del aire, la fuerza del viento, las aves, los peces, los crustáceos, los insistentes insectos, los perros, los pequeños roedores, los múltiples caminos, las nubes, el cielo, el sol, la energía de las personas y mi estado de ánimo. La vitalidad de los colores según la confrontación de la luz con mis sentimientos.

El paisaje marino y la marina como tema tiene sus ancestros en un motivo profundamente vinculado a la costa cuando la naturaleza le servía al artista como fundamento a un tema. Con el inicio de esa expresión la pintura tuvo un cambio radical y que influyó profundamente en las expresiones artísticas de los siglos XVII, XVIII y XIX. Desde ese tiempo la marina y el paisaje marino han estado presentes en la pintura hasta la actualidad y de ello Chile tiene mucho que decir en su pintura. Siendo el mar el principal nexo de nuestro país con el exterior en los inicios de la independencia y debido a la influencia británica la marina y los paisajes de la costa han tenido importantes cultores en el medio cultural nacional. El paisaje marino tiene sus orígenes cuando los pintores holandeses y venecianos descubrieron que en la costa y en el mar habían temas donde la naturaleza se expresaba con todos sus valores estéticos y los diversos elementos le proporcionaban material para hacer pinturas que actualmente forman parte de
la historia del arte universal.








PAISAJE MODERNO












Las fotografías que se exhiben no son las copias originales -se conservan contactos, negativos y álbumes, que se ha preferido no exponer a un deterioro mayor (hasta el momento no se habían conservado en las condiciones adecuadas)- y resultan de un proceso de restauración digital y ampliación a un tamaño que, nos informan, era el más utilizado en su distribución contemporánea. El montaje, en el que se han agrupado las fotografías según grupos iconográficos o incluso según secuencias cronológicas en el caso de las construcciones o las instrucciones de uso, es clarificador y facilita la lectura. Se ha dividido en cinco secciones: “Transformación del paisaje”; “Publicidad, escuela y oficios”; “El entorno urbano”; “Personal, instalaciones e inauguraciones”; y “Construcciones y edificios”. Desde un punto de vista estético, las más interesantes son las hechas en espacios abiertos y en las salas de máquinas, tal vez por excluir (o dejar en segundo plano) las figuras, que desvían la atención a aspectos sociológicos relegando los rasgos formales. Los largos tendidos que cruzan extensiones vacías, el nuevo y rígido “arbolado” que bordea caminos y vías férreas, dan pie a la incorporación de condiciones lumínicas y atmosféricas poco habituales en este tipo de trabajos.







martes, 22 de mayo de 2012





PAISAJES FANTÁSTICOS



"Son bellos paisajes de mundos imposibles."



Los lugares imaginarios, parten de una premisa diametralmente opuesta: no existen. Los lugares imaginarios no salen indicados en ningún mapa, su latitud y su longitud no se pueden encontrar en ningún atlas, ninguna guía los incluye entre sus localizaciones de interés para un visitante ocasional y ningún turista sabría como llegar hasta allí. De hecho no existen en el plano físico de la existencia, pero si quisiéramos llevar esta discusión a un plano menos tangible podríamos afirmar sin equivocarnos que pueden llegar a existir en el blanco sobre negro, en las letras y el papel: la literatura puede absorberlo todo y hasta lo más irreal puede tomar visos de realidad. La literatura fantástica lleva siglos dando forma a lo desconocido, describiendo con detalle lugares que el hombre no ha pisado, narrando la vida de algunos lugares de los que apenas se tiene una información escasa y sesgada, incompleta y errónea. El problema tal vez surge cuando se intentan plasmar los paisajes imaginados en imágenes, pero la pintura y el dibujo y, en los últimos años, el cine se han manifestado como artes bastante diestras en mostrar mediante formas y colores todas esos frutos que surgieron del fértil árbol de la imaginación.




PAISAJE URBANO.


El paisaje urbano, también denominado espacio urbano, es un término de no fácil definición. Del mismo modo, tampoco resulta fácil la definición de espacio rural. Entre estos dos se encuentra, igualmente poco definido lingüísticamente, el espacio periurbano. Ha sido a raíz de los últimos modelos de crecimiento urbano cuando se ha empezado a definir con más propiedad estos tres conceptos anteriormente mencionados.
El paisaje urbano tiene una serie de características que lodiferencian con otro tipo de espacios: por un lado destaca por la alta densidad de población que viven en el mismo; también una de sus características es que los paisajes urbanos suelen tener una gran homogeneidad en cuanto a su extensión y una arquitectura en sus edificios que resulta inconfundible.
Todo paisaje urbano que se precie está dotado de unas infraestructuras que no existen ni en el espacio rural ni el espacio periurbano. Además es espacio, o paisaje, urbano es un territorio proclive a la prestación de servicios de todo tipo. En este paisaje urbano se tiende a mantener las estructuras existentes, siendo un territorio proclive a laremodelación de edificios y domicilios.














martes, 15 de mayo de 2012

PAISAJE NATURAL

El paisaje natural es aquello que no está modificado por el hombre, a pesar de algunos pequeños enclaves. Son las tierras que no pertenecen a la ecúmene o sea que no están habitadas, como: las regiones polares, la alta montaña y alguna selvatropical que es recorrida por cazadores y recolectores que no utilizan el fuego.El paisaje natural será un espacio recorrido pero no organizado, y con densidades de población bajas. Se trata de los espacios ocupados por sociedades de recolectores, pastores, cazadores y pescadores que tienen un conocimiento muy íntimo y especializado del medio. El área necesaria para procurarse los recursos debe ser muy amplia ya que dependen de lo que ofrece la naturaleza.En la actualidad se ha pasado de ver el paisaje como el marco estético de la actividad humana a considerarlo como un recurso. El paisaje como recurso y patrimonio cultural de la humanidad adquiere una enorme consideración.
Existen dos tipos de paisajes naturales: el paisaje costero y el paisaje de interior. El paisaje costero, como su nombre bien indica, es el que está más próximo al mar. El paisaje de interior es el que está más alejado de la costa. En él podemos estudiar distintos tipos de paisajes: el de montaña, el del valle, y el de la llanura.
Para representar los paisajes y para poder estudiarlos utilizamos mapas y croquis. Éstos están regidos por signos convencionales.
En resumen el paisaje natural es un paisaje que no fue modificado por el hombre, es lo contrario a los paisajes ordenados (ciudades, megalopolis, represas, etc.).